Al lado del fútbol·FCBarcelona·Luis Enrique

Antes era culé

De la celebración de las Rúas en directo al no al barcelonismo. Así he cambiado yo. Toda la vida siendo culé, con el corazón azulgrana, debajo del blanquiazul zaragocista, hasta hace un tiempo. No sé decir exactamente cuánto, pero ya no lo soy. Por supuesto me sigue gustando el Barcelona, su juego, que es su gran virtud, algunos jugadores que no voy a desvelar, y su entrenador actual, aquel que fue el primer jugador de fútbol en el que me fijé y alabé hasta la saciedad en mis primeros años de vida. Con el 21 a la espalda iba a todas partes y era capaz de clavármelo en el corazón a fuego. No me importó que jugara en otros tiempos en el equipo rival, siempre lo he defendido y siempre lo haré. Hace unos años viví en Barcelona, con mi vena culé muy arraigada en mí, disfruté de un derby barcelonés en el Camp Nou días después de comprarme la camiseta de Piqué, sí, la suya. Si en su momento me hubieseis preguntado el por qué os habría dado mil razones, ahora daría muchas menos. Aunque sigo dando, el “amor” no se va tan rápidamente. He sido una enamorada de Víctor Valdés desde que tengo uso de razón, del mismo Piqué, de Puyol y Xavi, del ya nombrado Luis Enrique, del entrenador que me hizo aprender un fútbol especial y al que le tengo mucho cariño como Josep Guardiola, del “conejo” Javier Saviola e incluso de Alves. Duele, a veces, haberme separado tanto de ese cariño que les tuve en algún momento, casi he crecido con muchos de ellos. Podría destacar a otros jugadores en ocasiones puntuales pero ellos hicieron que desde que me gusta este deporte me haya sentido muy atraída por el club, los colores, el himno y aquello a lo que yo entendí que llaman “valors”. Hoy en día solo me atrae su juego, y no siempre, ni todos los jugadores, y no es tan normal que no me gusten los “buenos”. En mi época viviendo en la ciudad condal paseaba sonriendo a ver banderas culés, que no independentistas, fui a las celebraciones de las dos rúas, una de ellas la vi desde el balcón de mi propia casa, alabando a Piqué y emocionada por ver a Valdés en vivo después de toda la vida bebiendo los vientos por él, e incluso quise ir a celebrar la Champions League al estadio. He llorado de emoción al ganar competiciones y partidos importantes y con alguna que otra derrota: en La Romareda cuando el Real Zaragoza le ganó un partido en Copa del Rey, el día que Andrés Iniesta debutó y cuando perdían algún partido contra el Real Madrid, llegando a descolgar mi gran bandera azulgrana que colgaba de una de las paredes de mi habitación hace muchos años. También he hablado maravillas de muchos aspectos del club, pero ya no. Esa época pasó. Esto es un espacio público y hay que contenerse en algunos aspectos de ciertos comentarios. Hace unos días, la noche de la final de la última Champions conquistada por los culés escribí esto en mi página de Facebook: “Si esta noche gana el Barcelona no me felicitéis. Os lo agradezco pero no. La Copa se irá a Cataluña y eso no me gusta, los culés de fuera de esa tierra no existen? Pues que se las lleven que yo no celebraré más una copa azulgrana. Igual porque ya no soy culé. Dicho esto, que gane el mejor. Disfrutad del partido.” Comentario al que por supuesto he recibido muchas respuestas. Esta ha sido mi última respuesta: “Yo he sido toda la vida culé, en menor o mayor medida y ahora me gusta el Barcelona pero no soy culé, me he ido desenamorando, una de las cosas principales es que cada vez me he dado más cuenta de lo arraigados que están a la independencia y las incoherencias ocasionales sobre el tema. Cada uno puede ser de un equipo y a la vez gustarle otro, he entendido que son cosas diferentes, no me meto con nada ni nadie, tenemos motivos diferentes, pero no puedo cambiar de pensamiento, ni ellos el suyo. Ninguno es mejor que otro.” Aunque he de decir que no es la única y exclusiva razón por la que me desencanté del los azulgranas. Reconozco que lo mío con el Barcelona es como una relación de pareja imposible, alguien con quien podrías compartirlo todo y sin embargo hay cosas claras que te hacen decidir no compartir casi nada. Supongo que igual que hay parejas a las que se les rompe el amor, puede ser, como dijo en su día Rocío Jurado, de tanto usarlo, a mí se me ha roto con este equipo.

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