Al lado del fútbol·Curiosidades de futbol·temporada 2013 - 2014

Final Coppa Italia 2014

La noche que odié el fútbol.

Empezaba nuestra noche en Nápoles. Esa que no olvidaremos fácilmente, o al menos yo, hablo por mí. Buscábamos un bar que nos había recomendado el del hotel para cenar, Starita. Todavía no se me ha olvidado el nombre, un mes después y me acuerdo de aquello perfectísimamente. Cogimos el metro y nos dirigimos a eso de las 10 de la noche casi a la parada donde se suponía que estaba cerca el bar, Materdei. Yo esperaba pasar por algún lugar que tuviera televisión a vista de calle porque se celebraba la final de la Coppa Italia esa noche. Jugaban el Napoli con la Fiore.

Toda la semana llevaba contando esto mi profesor de “economía de los eventos”, aunque no había dicho qué equipos jugaban o si lo había dicho yo no me enteré. Por la tarde cuando llegamos al hotel me enteré que había habido un muerto y 3 heridos en Roma a causa del partido, enfrentamientos entre aficionados.
La pizzería fue difícil de encontrar, muy difícil diríamos las 3. Por el camino encontramos una flecha en una especie de callejón que daba a una gran calle en la que indicaba en dirección contraria a Starita. Una viejecilla entraba en el portal al lado de donde estaba la flecha, nos indicó que teníamos que bajar e ir hacia la izquierda. Primera vez que nos indicaban hacia Starita. Nosotras le creímos y retrocedimos. No encontramos el sitio ni nada que se le pareciera. Yo vi a través de una televisión que estaba el futbol muy avanzado en un cutre bar que encontramos y noté como el tiempo se nos estaba echando encima.
Volvimos a subir por la misma cuesta por la que bajamos por si habíamos entendido mal a la señora y ahí vino la segunda situación clave de la noche. Mientras mirábamos el mapa que llevábamos por si nos estábamos confundiendo de calle o nos había engañado la señora se paró un coche a nuestro lado y rápidamente nos preguntó si necesitábamos ayuda. Por supuesto que la necesitábamos pero no sé hasta qué punto la suya. La verdad es que se nos había echado la noche encima sin darnos cuenta, teníamos mucho hambre y estábamos empezando a desorientarnos.
Seguimos andando hacia otra dirección y encontramos otra flecha con Starita. Se estaba haciendo de rogar el puñetero bar, demasiado.

Mientras todavía seguía el futbol en la televisión porque se oía algún grito de gol de vez en cuando, pero nada serio. Cuando por fin encontramos el bar, en una calle grande pero la verdad que nada localizable se produjo en la calle una especie de estallido. Fue de alegría. Por la minúscula que era la televisión que tenían en el dichoso bar vi como entrevistaban a Benítez, el entrenador del Napoli y se sabía que habían ganado el partido y la copa.

La gente salió corriendo del bar y allí nos quedamos las 3, mirando a los 3 camareros y ellos a nosotras. Nadie nos atendía, había poca comida en unas bandejas en el mostrador y ni siquiera carta de precios por ningún lado. El bar, por cierto, muy pequeño. Salimos de ese cuchitril con la cabeza medio agachada y sin saber dónde mirar. En la calle se había montado en unos minutos una especie de guerra civil. Se ve que en esta ciudad se celebran así las victorias de su equipo. Los coches iban a toda velocidad por esa calle, lo mismo que las motos, en las que la gente va sin casco y es muy normal ver 3 personas subidas encima. Lo que yo vi aquella noche fueron muchos adolescentes en moto.
La gente gritaba por la calle, estaban como locos. Aquello se volvió un lugar muy peligroso por momentos. Solo se veía gente correr, coches y motos ir a velocidades inimaginables y pitando con fuerza, derrapando, petardos pequeños por cualquier calle… Y mientras nosotras 3 intentando salir de allí, muertas de hambre y con el miedo en el cuerpo desde que empezó aquello. Aquella noche la ciudad se transformó en una ciudad totalmente diferente de la que habíamos visto por la mañana. Desapareció todo su encanto. En unos minutos habíamos pasado de tener hambre a estar apuradísimas de miedo sin saber muy bien qué hacer ni hacia dónde ir. Yo no recordaba haber vivido una situación de tanto miedo desde hacía años, de hecho cada vez que lo pienso sigo sin tener en mente algo parecido. Puede parecer algo exagerado pero no lo es. Es una cosa que si no lo vives no puedes decir nada, y aseguro a cualquiera que lea esto que no se lo deseo absolutamente a nadie.

Yo agaché la cabeza desde que salimos del famoso bar y empezó a superarme la situación. Intentábamos ir a un ritmo medianamente rápido pero sin correr, por calles que no recordábamos haber visto por la mañana, calles amplias por la seguridad pero cuanto más amplias más miedo me daba. Agarrada a una de mis amigas seguí todo el camino, mientras me preguntaba cómo estaba. Ni siquiera era capaz de contestar nada con claridad. En una de estas preguntas se me ocurrió decir que si salíamos de esta situación medianamente airosas y sin un rasguño, por la causa que fuera, les invitaba mañana a las 2 a algo de la pastelería callejera situada en la galería Vittorio Emmanuele. Algo que por cierto cumplí. De eso no se olvidaban tampoco al día siguiente. Cuando ya parecía que había un poco más de tranquilidad, al menos en la calle por la que estábamos pasando, vimos una pelea en directo. 4 o 5 chavales pegando a otro que estaba en el suelo, sin gritar ni nada, pero ellos le daban y mientras unas chicas estaban comiéndose un helado mirando la situación. Creo que nada más podíamos esperar de aquella noche después de ver esa escena. Por supuesto aceleramos el paso todavía más si podíamos hasta que llegamos a un puesto de comida callejero. Ahí nos paramos a comprarnos algo de comer. No había nadie comprando. Nos acercamos y empezamos a pedir y en pocos minutos nos rodearon. La gente acudió a comprarse cena a ese puesto después de ver que nos parábamos. La cosa se había calmado, estaba mucho más pacífica. Ya no se escuchaban ni petardos, ni motos, ni coches, ni salvajes gritar…

Suceso ocurrido durante el partido. Garrogna.

Aquella noche me dio asco el futbol, me dejó de gustar. Me dieron repelús las celebraciones futbolísticas después de ver aquello.  Me sentí mal conmigo misma al no saber que se celebraba esa copa, que estaba en juego ese partido, que podía haber averiguado algo más. Sobre todo me sentí mal por mis amigas, porque ya que controlo tanto podía haber controlado un poco más la situación y haber evitado ir ese fin de semana a esa ciudad. No sabía qué pensar, qué hacer, qué decir… Al poco de cenar callejeando aquellas cosas tan ahogantes algunas y tan medianamente pasables otras por fin encontramos la puñetera plaza y minutos después a quien buscábamos.
La plaza en cuestión, de la que no me acuerdo del nombre, estaba llena de gente. Plagada sería mejor palabra para definirlo. Tranquilidad no puedo decir que se respiraba pero por lo menos veías a la gente que solo fumaba porros y bebía en pequeños grupos de amigos. Parecía que la cosa se había tranquilizado, o por lo menos en ese espacio. Yo me calmé y traté de volver a mi estado medio normal. Aun así nos separamos un poco de la gente y nos quedamos en un lateral de la plaza intentando comernos aquellos engrudos que nos habíamos comprado. Lo que sea por comer algo, yo estaba muerta de hambre. A esto hay que añadirle que yo iba con bailarinas y me hacían un daño en los pies terrible, desde hacía muchas horas.

Una vez pasada toda la vorágine de la noche pero sin estar seguras de querer seguir en la calle y menos ir de fiesta, ya que hacía horas que se nos habían quitado las ganas, y por lo menos yo no las había recuperado esperamos un rato qué hacer. En medio de la tranquilidad escuchamos un petardazo que retumbó toda la plaza y acto seguido alguien en medio de la misma sacó una bandera gigantesca del Napoli y empezó a ondearla. Aquello había dejado de ser una especie de San Fermines medio tranquilos a ser Fallas. Volvió a entrarnos el miedo y ahí fue cuando definitivamente decidimos volver al hotel. Nuestro cuerpo no estaba hecho para volver a pasar por algo parecido a lo de antes. No había tanta necesidad de salir, de tomarse una cerveza o de hablar en la calle viendo el panorama.

 

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