ACMilan·Al lado del fútbol·FCBarcelona·http://schemas.google.com/blogger/2008/kind#post·Real Zaragoza

Rivalidad entre aficiones

 

No tengo reglas autoimpuestas para relacionarme con gente de equipos con cierta rivalidad hacia los míos, aunque sí mis pensamientos hacia algunos. Sobre todo, inevitablemente, a los que insultan a los equipos que me gustan o de los que soy seguidora.
He de reconocer que esta rivalidad, poco a poco disminuye cuando conoces a gente de esos equipos, que razonan. Al menos en mi caso.

 

Ver correr a la gente por la calle en busca de refugio porque quieren liarse a golpes los del equipo contrario por un grito que han dado al viento por la calle. Ver arder contenedores. Lanzar mecheros a los jugadores del equipo contrario durante el partido o en su defecto cabezas de cerdo. Ver cómo se ilumina parte del estadio por bengalas a modo violento. Gritos dentro y fuera del campo hacia los jugadores y la afición contraria con tal de hacer daño psíquico. Llevar bufandas y camisetas con ofensas al equipo rival… Toda esta enumeración es la parte más fea de este deporte. Algunos no aprenden, no sé por qué razón, y me gustaría saberla, a disfrutar del futbol sin tener que recurrir en ciertas ocasiones a todas estas salvajadas. Parece que guste hacer ciertos cánticos a la afición del rival directo de nuestro equipo con tal de sentirse todavía más fans del que somos o bien por fastidiar a los que nos cantan esas letras tan bien diseñadas para doler. Piensan que por cantar este tipo de cosas te puedes sentir más arraigado a tus raíces, pero es una equivocación muy grande. Esto no tiene nada que ver con el fútbol, por muy unido que esté. Es solo violencia.
Uno de tu equipo empieza un cántico y parece que haya que seguirlo todos como borregos. Es una de las cosas más feas de todo lo que engloba a este deporte. Entablando grandes conversaciones futbolísticas con personas de equipos rivales a los míos me he dado cuenta de que esto no llega a ningún camino lógico. Es mejor ser amigos en el campo, sin perder lo bonito de cada afición que no darse palos entre sí. Vale más que cada uno cante canciones hacia sus futbolistas para animarlos a vencer el partido que insultos al rival. Es mucho más bonita la sonrisa de un niño viendo un marcador favorable que una bengala lanzada con el propósito de hacer daño. Y como todo en la vida, vale más un grito compuesto de un “Te quiero” que un “Te odio”. Deberíamos, antes de asistir a un partido de nuestro equipo contra el eterno rival, plantearnos de qué sirven las feas palabras, si lo que vale al final es pasárnoslo bien y que nuestro equipo gane. Irnos a casa sonriendo por la victoria y no llorar por lo que nos han dicho o hecho. Es más fácil sentirse feliz porque tu equipo haya humillado al rival sobre el campo que tú y tus amigos por la calle en una batalla campal que no lleva a ningún destino. Solo hace falta querer experimentar esa sensación.

 

Hasta hace un tiempo pensaba que me costaría tener amigos que fuesen de cierto equipo. Creía que iba a ser difícil entablar amistad y hablar de alguna de mis conversaciones con esas personas, pero el tiempo me ha quitado la razón. He de decir que no fue fácil.
Una vez una de mis amigas, del equipo rival al mío, se metió en mi blog y me felicitó por la entrada más emotiva que le hice a mi equipo. Esa que hablo más de sentimientos que de fútbol. El balón desaparece en ese artículo para hablar solo de emociones, de lo que produce el fútbol, de lo que se vive en las gradas y sobre la pantalla. Ese día aprendí una gran lección.

 

Había estado gritando al lado de los ultras de su equipo, sin gustarle este deporte, seguramente diciendo palabras horribles hacia el mío. Me dolió oír esto pero no iba a dejar de hablarle por un juego, aunque para mí no sea solo un juego que se acaba en 90 minutos como mínimo. Yo hubiese hecho lo mismo en mi campo, y de hecho pensé que lo haría. Ahora ya no lo tengo tan claro, aunque no por tener amistad con alguien de ese equipo.
He empezado a entender que sirve de poco hacer este tipo de cosas. No nos lleva a ninguna parte. Como dice Eduard Norton en American History X: La vida es demasiado corta como para pasárnosla odiando. Así es como aprendí a diferenciar el fútbol bonito del feo.
Reconozco que hay ambientes, que aunque no sean muy éticos, por decirlo suavemente también forman parte de espectáculo. Un mal ejemplo, un mal espectáculo, desgraciadamente.

 

Prefiero el fútbol de colores, de banderas, de llantos, de caras pintadas por no poder pintarse el corazón, de bufandas al cuello y alzadas cuando el equipo necesita el aliento de la grada o cuando marca gol, de camisetas entremezcladas por las gradas, de besos en escudos, de tatuajes simbolizando la pasión del fútbol. Eso sí es fútbol, a parte de los goles.
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